A menudo escuchamos decir en los seminarios dedicados al crecimiento personal que «El mapa no es el territorio». El territorio es la realidad y la realidad no es modificable.
El mapa, en cambio, sí: es la lente a través de la cual el hom­bre ve la realidad. El vaso lleno de agua a la mitad es la rea­lidad y no es modificable, pero la percepción que tenemos de ello sí. El vaso puede ser visto como medio lleno o me­dio vacío, eso marca la diferencia, es decir, el conocimiento de la conciencia que yo tengo de la realidad marca la diferencia.
Si yo modifico la percepción o el conocimiento que tengo de la conciencia de la realidad resulta que cambia mi rea­lidad. Qué simple, ¿no? Parece una forma de engaño, pero es absolutamente eficaz para cambiar la calidad de nues­tra vida. Según esta visión, por lo tanto, puedo observar el eneagrama como un gran mapa, para ser exactos nueve ma­pas diferentes para los tres subtipos, por tanto 27 mapas; y si incluyo la diferenciación entre zurdos y diestros llegamos a los 54 mapas, que nos permiten filtrar la realidad median­te estas nueve pasiones dominantes: ira, soberbia, vanidad, envidia, avaricia, gula, miedo, lujuria, pereza, y nueve fija­ciones o comportamientos o formas de megalomanía: per­feccionismo, falsa generosidad, engaño, autofrustración, desapego, acusación, fraudulencia, venganza, olvido de sí mismo.
Estas pasiones y fijaciones, las motivaciones y los com­portamientos, son los verdaderos mapas, muy sofisticados y complejos. En consecuencia, si yo aumento la conciencia, el conocimiento de estos nueve mapas, que, os recuerdo, son sensatos porque nos han permitido sobrevivir desde la in­fancia, he aquí que puedo vivir mejor. Si veo siempre la reali­dad como algo que debe ser mejorado, como hace el eneatipo E1, entended que nunca jamás podré disfrutar plenamente de ella, o si la siento como amenazante (E6) estaré siempre a la defensiva, prisionero en mi realidad.
Por tanto, el territorio no es modificable, el mapa sí. El Eneagrama Biológico es un mapa de nuestro territorio. Pero, ¿qué es el territorio? El territorio es la realidad, nues­tro cuerpo, nuestra familia, el padre y la madre, el pues­to de trabajo, la casa, el sueldo, el voto, la mermelada…
Es interesante cómo cada tipología del eneagrama, me­diante el propio mapa, tiene una percepción de esos espa­cios y cómo esa percepción (conciencia) genera emociones y por tanto comportamientos que, si se repiten, se fijan en la estructura corporal y están luego en el origen de los sín­tomas típicos de cada familia, lo que representa el ámbito del estudio del Eneagrama Biológico. El eneagrama se con­vierte, simultánea y sincrónicamente, en mapa, territorio y conciencia.
Es un mapa porque, como hemos visto en los capítulos an­teriores, nos permite percibir la realidad.
Territorio, porque, de hecho, las muchas realidades (familia, trabajo, hijos) se pueden experimentar y son modi­ficables sólo a través de aquellas emociones (miedo, frustración, amenaza, envidia) podríamos decir que se mani­fiestan sólo mediante tales categorías.
Conciencia… y aquí viene lo mejor. ¿Y si la conciencia hu­biese elegido manifestarse y por tanto ganar experiencia en este universo mediante este modelo?
Se trata únicamente de una hipótesis, pero creo que el eneagrama es mucho más que una simple visión de la reali­dad, de un accidente, o un instrumento que podamos utili­zar para vivir mejor.
Y por eso cada familia del eneagrama es antes que nada el mapa, inconsciente, mediante el cual experimento la rea­lidad y si permanezco dentro de ese contenedor, me quedo prisionero siempre en las mismas experiencias, pero si me muevo, es decir si trato de experimentar la realidad a través de otra familia, estoy dando un salto cuántico, cambio el orbital, de ahí que pueda iniciar a partir de ese punto una transformación hacia el hombre despierto, el hombre núme­ro 4 del que hablaba Gurdjieff.